jueves 26 de mayo de 2011

c'est la fin

Después de terminar el viaje, sintió nostalgia, la nostalgia que sienten los detectives luego de escudriñar el rincón más oscuro del alma de sus perseguidos.
Se miró al espejo y vio un rostro cansado, una ciudad que se desvanecía. Una tormenta y un huracán que arrasaban con los libros de literatura y con las botellas vacías que decoraban la habitación.
Allí donde estuvo, las calles eran estrechas, las mañanas olían a cigarrillo y a vodka con limón. Los edificios tenían dibujado el silencio de cada habitante.
Era un lugar dolido, un lugar con cicatrices y con desiertos que se asemejaban a una orquesta que se calla de repente. “un lugar maravilloso”, diría Melissa Bank.
Pero a pesar de todo, si devolvieran el tiempo y le preguntaran: ¿quieres ir a ese lugar?”, contestaría con un no, cruzado entre una sonrisa; seguramente ya no habría un espejo, ni un rostro cansado, después de un después de viajes que no paran de atormentar la habitación donde se aloja ahora.

3 comentarios:

Sir Bran dijo...

Cada lugar encierra unas pasiones vividas, y a veces han sido tan intensas que nos negamos a reconocerlas del todo.
Aún así... benditos lugares.
Y pensativas tus letras.
Besiños.

Sufit dijo...

Nostalgia... la palabra mágica de las pérdidas que se saben necesarias.

atardecerhumanos dijo...

propias escrituras.