El anciano intenta descifrar la escena mientras borra con lentitud los recuerdos de la guerra de Vietnam. Expulsa el humo con una tranquilidad asombrosa, habla para sí mismo, discute sobre capitanes y naves al borde de la autodestrucción.
Su vista es un edificio que no cesa de producir estruendos.
Dentro de él, un incendio se lleva la calamidad y ensordece la música que ha coleccionado todos estos años.
No hay tiempo para él. En su cuarto seguirán siendo la 1.58 am. Entre sus manos siempre se estará consumiendo un cigarrillo y apoyara las demoliciones siempre que sean bajo sus rodillas.
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3 comentarios:
Triste, duro y no por eso menos entrañable. Este es un texto de los que a mí me gustan: cortos pero intensos, de los que llegan al corazón.
(me alegra saber que mi relato te ha animado un poco^^)
Una bolsita llena de sugus de limón para ti!
hay momentos que siempre son un siempre
Me has removido todo todito por dentro. Maravilloso texto ;)
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